Cuando tomamos la lamentable decisión de separación o divorcio, una de las primeras interrogantes que nos surgen como padres es … ¿CÓMO AYUDAMOS A NUESTROS HIJOS?
Lo primero que debemos de tener en consideración es que con este cambio radical que se ven obligados a vivir cada hijo sufre, tenga la edad que tenga, debemos saber que mamá y papá somos un pilar único y fundamental en su vida … y al ya no estar juntos les ocasiona una ruptura interior, que sienten como un inexplicable dolor profundo, que a veces, dependiendo de la edad y del carácter de cada hijo (a), hasta logra derrumbar todo lo que hemos construido en él / ella… Por eso debemos de poner mucha atención a cómo puede afectarle a cada uno de nuestros hijos.
Por lo general dependiendo de en qué edad se encuentre cada uno de nuestros hijos, empiezan a desarrollar problemas de comportamiento, por ejemplo: mojar la cama, problemas de atención y concentración en la escuela, sensibilidad, retraimiento, angustia, rebeldía, etc. Los padres (mamá y papá) solemos llevarlos a terapias delegando así la responsabilidad a otra persona. No nos darnos cuenta de que todo inicia con nosotros… que ellos se sienten así porque nosotros estamos así… es decir que somos los padres los que necesitamos la terapia para aprender cómo transmitirles la tranquilidad y estabilidad que necesitan, para saber qué decirles, cómo tratarlos y qué hacer para sostenerlos en un momento tan duro para ellos.
De algún modo nuestros hijos, sobre todo en los menores de 12 años que tienen aún un vínculo especial con sus padres, y en particular con la madre, intuyen cuando las cosas no están bien y esto les causa ansiedad y emociones que no saben cómo manejar. Y cuando surge la separación/divorcio reafirman su intuición y se les derrumba su estabilidad emocional que la conformamos sus padres, cada uno con el rol que le corresponde. Si bien es cierto, por lo general en un momento tal vulnerable de nuestras vidas, en el que siempre uno de los dos padres está más afectado, no tenemos la suficiente entereza para tomar las riendas de la situación con nuestros hijos y es aquí justamente donde más fallamos porque cuando nos damos cuenta del daño ocasionado en nuestros hijos, ya está instalado en ellos la ausencia, el vacío, la falta de ese escudo protector para ellos que siempre fuimos nosotros, los padres mientras estábamos juntos.
Por eso dedico este tema a cada papá y a cada mamá que pasa por una situación tan especial de la vida. Somos los adultos los que tomamos la decisión y somos los adultos los que debemos hacernos cargo completo de la situación de inestabilidad que nuestras acciones causan a nuestros hijos. Debemos estar absolutamente claros de lo que implica para cada uno de nuestros hijos una decisión así, y enfrentarla como nos corresponde… pues ellos recién están iniciando la vida, y con seguridad no están ni en lo más mínimo, capacitados para entendernos.
Es importante recalcar:
Que somos los padres los que transmitimos las conductas y emociones a nuestros hijos. Los pequeños hacen lo que sienten y ven hacer a sus padres, no lo que se les dice que hagan.
Cuando los PADRES recibimos terapias, aprendemos a tener estabilidad emocional, fortaleciendo y nutriendo nuestra tranquilidad y seguridad para estar bien nosotros y poder transmitírsela a nuestros hijos. Así mientras conversamos, compartimos y vivimos papá y mamá en forma individual con ellos, podrán ir asimilando y aceptando de manera más sutil la nueva situación familiar.
Los pequeños sienten e imitan la actitud positiva, tranquila y estable de sus padres, adoptando nuevos recursos emocionales y mentales en su vida diaria.
¡Nuestros hijos estarán bien, en la medida en la que nosotros estemos bien!
Lo primero que debemos de tener en consideración es que con este cambio radical que se ven obligados a vivir cada hijo sufre, tenga la edad que tenga, debemos saber que mamá y papá somos un pilar único y fundamental en su vida … y al ya no estar juntos les ocasiona una ruptura interior, que sienten como un inexplicable dolor profundo, que a veces, dependiendo de la edad y del carácter de cada hijo (a), hasta logra derrumbar todo lo que hemos construido en él / ella… Por eso debemos de poner mucha atención a cómo puede afectarle a cada uno de nuestros hijos.
Por lo general dependiendo de en qué edad se encuentre cada uno de nuestros hijos, empiezan a desarrollar problemas de comportamiento, por ejemplo: mojar la cama, problemas de atención y concentración en la escuela, sensibilidad, retraimiento, angustia, rebeldía, etc. Los padres (mamá y papá) solemos llevarlos a terapias delegando así la responsabilidad a otra persona. No nos darnos cuenta de que todo inicia con nosotros… que ellos se sienten así porque nosotros estamos así… es decir que somos los padres los que necesitamos la terapia para aprender cómo transmitirles la tranquilidad y estabilidad que necesitan, para saber qué decirles, cómo tratarlos y qué hacer para sostenerlos en un momento tan duro para ellos.
De algún modo nuestros hijos, sobre todo en los menores de 12 años que tienen aún un vínculo especial con sus padres, y en particular con la madre, intuyen cuando las cosas no están bien y esto les causa ansiedad y emociones que no saben cómo manejar. Y cuando surge la separación/divorcio reafirman su intuición y se les derrumba su estabilidad emocional que la conformamos sus padres, cada uno con el rol que le corresponde. Si bien es cierto, por lo general en un momento tal vulnerable de nuestras vidas, en el que siempre uno de los dos padres está más afectado, no tenemos la suficiente entereza para tomar las riendas de la situación con nuestros hijos y es aquí justamente donde más fallamos porque cuando nos damos cuenta del daño ocasionado en nuestros hijos, ya está instalado en ellos la ausencia, el vacío, la falta de ese escudo protector para ellos que siempre fuimos nosotros, los padres mientras estábamos juntos.
Por eso dedico este tema a cada papá y a cada mamá que pasa por una situación tan especial de la vida. Somos los adultos los que tomamos la decisión y somos los adultos los que debemos hacernos cargo completo de la situación de inestabilidad que nuestras acciones causan a nuestros hijos. Debemos estar absolutamente claros de lo que implica para cada uno de nuestros hijos una decisión así, y enfrentarla como nos corresponde… pues ellos recién están iniciando la vida, y con seguridad no están ni en lo más mínimo, capacitados para entendernos.
Es importante recalcar:
Que somos los padres los que transmitimos las conductas y emociones a nuestros hijos. Los pequeños hacen lo que sienten y ven hacer a sus padres, no lo que se les dice que hagan.
Cuando los PADRES recibimos terapias, aprendemos a tener estabilidad emocional, fortaleciendo y nutriendo nuestra tranquilidad y seguridad para estar bien nosotros y poder transmitírsela a nuestros hijos. Así mientras conversamos, compartimos y vivimos papá y mamá en forma individual con ellos, podrán ir asimilando y aceptando de manera más sutil la nueva situación familiar.
Los pequeños sienten e imitan la actitud positiva, tranquila y estable de sus padres, adoptando nuevos recursos emocionales y mentales en su vida diaria.
¡Nuestros hijos estarán bien, en la medida en la que nosotros estemos bien!

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