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jueves, 27 de julio de 2017

Castigo vs. conducta positiva

Educadores, madres y padres:

A continuación voy a hablar desde mi experiencia como mamá y educadora de un tema que está sucediendo muchísimo, tanto en los hogares como en las escuelas.
Con frecuencia los padres o madres se sienten desesperados ante la conducta negativa del niño (a) y esto sucede también en las escuelas, ante la falta de colaboración de algunos alumnos. Ambos centran la atención en la mala conducta lo que provoca alimentar el mal comportamiento del niño (a) 

Mi propuesta es MOTIVAR la buena conducta, es decir, enfocarnos en las conductas positivas. 



¿Cómo podemos corregir las conductas negativas y centrarnos en las positivas?

Los castigos ya no se usan.... ¿por qué?
  
1.- Porque le estamos enseñando al cerebro del niño(a) que el castigo es una forma válida de relación. 
2.- Porque debemos evitar actuar igual que el niño(a).
3.- Porque fomentan la rebeldía. 
4.- Porque el niño(a) se siente culpable y ese sentimiento no le permite aprender nada.
5.- Porque el niño(a) se siente triste y baja su autoestima. 

Por estas razones estamos llamados a buscar otras alternativas a la mala conducta para reforzar lo positivo de todos nuestros niños(as), de una manera constructiva. 

Aquí algunas sugerencias:

1.- Guiemos sus juegos para conseguir la conducta deseada. 
Ejemplo: 
Alejandro tiene 4 años y tiende a morder cuando se frustra porque no logra lo que quiere en un juego. 
¿Cómo ayudamos a que comprenda que no debe morder? 
Vamos a sentarnos a su lado mientras juegue y cuando se frustre le vamos a hablar. Debemos estar guiando su juego para que logre tener auto control. 

2.- Establece causas y consecuencias. En la vida real todas las acciones tienen consecuencias. Estas pueden ser positivas o negativas. 
Ejemplo: 
En esta ocasión les pondré un ejemplo personal porque siempre lo recuerdo. 
Uno de mis hijos cuando tenía 5 años solía demorarse en la cena más de 1 hora, por dos razones: porque quería que se la de yo y porque no quería la sopa. 
¿Cómo hacemos para no castigarlo y que tome la sopa solo sin dañar la cena familiar?  
Como a él le gustan mucho los cuentos antes de dormir, le dije  que si no cena en 30 min entonces se perdía de su cuento de la noche. 
Las dos primeras noches nos costo un poco a los dos (mamá e hijo) ya que es doloroso para una mamá detener las ganas de darle de comer a su hijo, sin embargo sabemos que es por su bienestar. Hacia la tercera noche conseguimos  la conducta deseada.  

3.- Cambiemos la perspectiva. Este punto se enfoca en reforzar la conducta positiva y en cumplir las normas satisfactoriamente. 
Ejemplo: 
Martín ve la TV siempre mientras almuerza y su mamá quiere cambiar ese mal hábito. 
Podría decir con dureza: "se apaga la TV y punto", sin embargo, usando un enfoque positivo puede hacer amena la hora de la comida contando anécdotas, historias o relatando lo que van hacer y agrega que el que termina de almorzar podrá ver la TV un rato. 

4.- Reconocer los errores y pedir disculpas 
Se hace importante establecer las consecuencias de los actos, y si nos equivocamos, reconocer y pedir perdón si es el caso. 
Ejemplo: 
Seguro nos ha pasado que nuestro hijo tomó una golosina de la farmacia o del supermercado sin permiso justo antes de salir y por lo tanto no la pagamos. 
Ese momento no lo podemos dejar pasar por alto. La forma correcta de actuar es regresar para devolverla y hacerlo pedir disculpas.  
Con esta acción seguro no volverá a hacerlo. ¿Cuál es el castigo? Quedarse sin la golosina que tomó sin permiso.  
Un castigo en casa seguramente no servirá.

Es IMPORTANTE saber entonces que el castigo como tal no es eficiente al momento de formar a nuestros pequeños(as).  Solo reforzamos la mala conducta, provocando rebeldía y culpabilidad.
Nosotros como adultos maduros debemos mantener la calma y con inteligencia y creatividad buscar alternativas que formen su buena conducta de manera permanente.

Nuestros niños necesitan atención por parte de sus padres y maestros, ¡establecer normas, reglas y consecuencias claras! 

JUGUEMOS y compartamos con ellos (as), cuando jugamos el cerebro de nuestro niño (a) entra en modo de aprendizaje. Hay muchos juegos acorde a cada edad.

Sin embargo, hay ciertas ocasiones en que se hace imperante usar el castigo físico.  ¿Cuando?                               
En aquellos casos en el que el niño (a) comprende a cabalidad lo que se le está pidiendo que haga o no haga pero se niega a ceder ante el liderazgo del adulto, entonces, unas buenas nalgadas son muy eficaces para llegar a un ajuste de actitudes.   
El niño debe tener claro la autoridad de sus padres, aprender a dominar sus impulsos y a vivir en armonía con diferentes formas de autoridad.     
Veamos un ejemplo de dolor leve en la vida de un niño. Rafael de 3 años se cae cuando se baja de la silla cuando su mamá no lo ve y descubre cómo funciona la ley de gravedad. Manuel jala el mantel y se pega con un adorno. 

Durante los primeros años de nuestros pequeños (as) van acumulando raspones, chichones, mordidas y cada uno de ellos le van enseñando los límites de la vida. 
El dolor leve asociado a estas experiencias le va enseñando a evitar cometer los mismos errores. Su cerebro tiene ese mecanismo de instrucción. 
Cuando nosotros mamás o papás administramos unas nalgadas razonablemente como respuesta a una desobediencia deliberada (desafío, insolencia, falta de respeto o conductas que ponen en peligro su vida) le estamos dando un mensaje a nuestro hijo (a)  de que el mundo no gira a su alrededor y que por amor y bienestar nos debe de obedecer.

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